La mirada es un animal de rapiña.
Pareciera que la vista es el sentido más veloz. Se posa soberana y caprichosa sobre los objetos y los absorbe con vehemencia, tratando de dominar todo lo que halla a su paso. Pero esta soberanía sobre lo visible es, en cierto modo, aparente.
La mirada es una urgencia. Vemos; se puede ver. Pero mirar es otra cosa. Mirar ya es tomar el objeto. Sujetarlo, absorberlo, aprehenderlo. Mirar es participar.
La pintura siempre ha sido cómplice del acto de mirar. Y el pintor ha sido, por siglos, artífice de ésta urgencia.
Entonces tenemos en la figura del pintor a alguien que genera imágenes para ser vistas. Alguien que, podríamos decir, posee cierto dominio sobre lo que se ve.
Pero ¿quién posee dominio sobre el cómo se ve, cómo se escucha, cómo se lee o se entiende algo?
Berezowsky..
Berezowsky..